REFORMA ELECTORAL POR CAPRICHO

Por: Antero Flores Aráoz Abogado desde Lima. Perú

El Presidente Vizcarra, está encaprichado en que se hagan transformaciones en el sistema electoral, para seguir en su afán de concluir una gran reforma política, con apabullante título, pero diminuto contenido.

En lugar de tener como base el proyecto integral de código electoral planteado por el Jurado Nacional de Elecciones, se han tomado los diversos proyectos legislativos presentados por el Gobierno, elaborados inicialmente por una comisión que presidió el exjefe de la ONPE, Fernando Tuesta y, además, por las proposiciones de diversos parlamentarios.

Si estuviésemos en tiempos normales, en que los ciudadanos se aprestan a intervenir en un proceso electoral, tanto para renovar la Presidencia de la República como al Parlamento, nada tendríamos que decir. Se conocerían los debates en el Congreso, las comisiones dictaminadoras recibirían las opiniones de los expertos y de las agrupaciones políticas, la ciudadanía manifestaría su sentir a través de la prensa y, se harían encuetas para saber el pulso ciudadano.

Sin embargo, no estamos en tiempos normales, estamos inmersos en una durísima crisis sanitaria por el corona virus, pandemia que afecta al mundo y, en el que el Perú no solo no está excluido, sino que es de los países que más graves consecuencias soporta. Los contagiados crecen a diario y el número de los que pierden la vida es alarmante, todo lo cual se agrava con una sentida crisis económica, con el resultado de cierre de centros de trabajo, pérdida millonaria de empleos, empobrecimiento de la gente y, prácticamente rota la cadena de pagos.

Dicho en otra forma, los ciudadanos tienen preocupación por el día a día, por llevar el sustento a sus familias, por recuperar sus labores habituales, por evitar el contagio y, por supuesto, a muy pocos interesa la ampulosa reforma político-electoral, que no pasa de ser tema irrelevante.

En buen romance no es momento para hacer las reformas en que se ha encabritado el Presidente de la República. Los ciudadanos están en otra y, una reforma política, con modificaciones electorales, a puertas de un proceso electoral, no es lo más conveniente, y peor cuando el Congreso funciona a medias, con reuniones no presenciales y con debates poco profundos en que los ciudadanos están ausentes.

En esa forma, poco adecuada y nada convincente, no debería realizarse la reforma, que podría dejarse para cuando toda esta difícil situación pase y nuestro país se normalice.

A mayor abundamiento, el próximo año se cumplen los doscientos años de nuestra Independencia de lo que hemos llamado la Madre Patria. Si hubo algún interés en la efeméride y en su celebración, el mismo hoy no existe por la situación que estamos afrontando, por lo que menos aún importa la reforma de la cual tratamos.

Hemos pasado varios procesos electorales sin las reformas que se quieren emprender, y nada malo ha acontecido, por lo que nada tampoco sucederá si mantenemos la normativa que tenemos para el proceso electoral ad portas. Hacer las cosas atolondradas, a espaldas de los electores y. por injustificada presión, es peligroso.

 

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